miércoles, 10 de enero de 2018


EVOCANDO A ENRIQUE ESTRÁZULAS
EN EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS
Un escritor, un artista, no se va, queda en sus obras. Y eso fue, con creces, Enrique Estrázulas; en la poesía, y en los mejores de sus cuentos reunidos en “La cerrazón humana”, y en novelas como “Pepe Corvina” y “Lucifer ha llorado”.
Lo conocíamos ligeramente –en su etapa de crítico literario en aquel Montevideo de finales de los 70 y comienzos de los 80, de tanta cerrazón a todos los niveles- pero en realidad comenzamos a tratarlo, y a establecer una “paradójica amistad” (tal fueron las palabras con que Enrique definió aquella etapa), en el Buenos Aires al que arribamos luego de quince años de ausencia a pesquisar la historia del Café Tortoni, su larga vida y milagros. Estaba allí como Agregado Cultural, por segunda vez, y de ahí en más fueron rituales los encuentros mano a mano en el histórico café, a la noche, donde no faltaba la evocación de Jorge Luis Borges, de Carlos Gardel, de Alfredo Zitarrosa, de Enrique Cadícamo, de Juan Carlos Onetti, y de otras muchas figuras notables que supieron frecuentar el Tortoni en diferentes épocas. Alguna vez en compañía de Alejandro Dolina, o de Horacio Arturo Ferrer. Esas noches culminaban en algún bodegón entrañable de San Telmo o Montserrat, con menús que variaban pero siempre a la altura de un gourmet como era Estrázulas, con el sacro acompañamiento de un malbec o un torrontés de acuerdo al plato.
También caminamos las calles porteñas en la madrugada, buscando luces –allá en la Recoleta- en el apartamento que había sido de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. O nos aventurábamos en el Pasaje Bollini, donde creíamos vislumbrar dos malevos borgeanos en sombras en un duelo criollo antes de sumergirnos en La Dama de Bollini a escuchar el mejor jazz de Buenos Aires.
Lo encontramos también, muchas veces, en años posteriores, en Montevideo. Pero queríamos ahora evocarlo en aquella etapa compartida, en mis constantes cruces a la capital argentina entre los años 2003, 2004 y 2005, cuando su apoyo fue de clave para nuestros trabajos de investigación que iban a abrirnos la puerta en el mundo cultural de aquella gran ciudad.
Alejandro Michelena.
Imagen: Enrique Estrázulas en uno de sus tantos encuentros con Horacio Arturo Ferrer en Buenos Aires.

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