y no sé despegar los años antiguos
de los otros
en los que estuviste y hubo contacto.
Ahí está la diferencia tal vez, y el imponente poema
que no he escrito
porque antes, los días no sucedían y las noches,
macabros espectros de sueños ajenos,
me rodeaban sin misericordia.
Pero todo tiene un principio
o un fin según el punto de la recta
que nos ilumine.
Tu comienzo marcó un final ineludible
una estela brillante en un bosque de piedra
un quiebre en la vida que desencajó mis huesos
de sus propias articulaciones
transformando la geometría lineal de mi cuerpo
en una maravillosa esfera sin aristas
un círculo de piel suave y enloquecida circunferencia
surgida de vaya a saber qué arcanos
inventados por tus dedos
y de qué fuegos incendiarios
descubiertos por tus manos.
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