viernes, 13 de julio de 2018

Martha Martínez


Alejandro Daniel Michelena
UNA POETA DESCONOCIDA: MARTHA MARTINEZ.

La recordamos como un ser silencioso y luminoso, que de vez en cuando aparecía por el Sorocabana, destacándose su bello rostro, su rubia melena, y su figura frágil rodeada de un halo misterioso. Se acercaba a nuestra mesa a mostrarnos su poesía y pedirnos opinión... a nosotros, entonces jóvenes aspirantes a poetas, "infelices e indocumentados" (parafraseando al gran Gabo). Llegamos a frecuentar su lugar en el mundo: la buhardilla del barrio Reus al Norte que compartía con su pareja, maestra igual que ella; un ámbito mágico donde alguna vez supimos disfrutar del lento caer de la tarde otoñal hablando de literatura, filosofía, sicoanálisis, religión y de la vida y adyacencias.
Si bien Martha llegó a publicar en revistas juveniles de fines de los sesenta y comienzos de los setenta, como La Brida y Son, se la puede considerar inédita. Nacida en 1945, por su militancia y compromiso en aquellos tiempos difíciles, emprendió como tantos el camino del exilio. Y no supimos nunca más de ella, como si se hubiera perdido en la bruma de sus propios versos...
Es poco lo que atesoramos de su obra, pero por sólo un pequeño puñado de esos poemas –a veces fulgurantes, otras plenos de honduras, casi siempre perfectos en su genuina sencillez–, Martha Martínez tiene ya un lugar destacado en la poesía de aquella contradictoria y desgarrada década de los setenta.
Alejandro Michelena
I
cerrar una puerta
descender un gastado escalón
y perderse en la lluvia
llevando en un viejo zapato
el color de los días
llegar al camino
con la vida guardada en un saco
estirar un minuto tras otro
en la nuca de alguien
habitarse en silencio
entre cuatro paredes del mundo.
II
es posible
saber hacia dónde
-si golpeas con furia el silencio-
va esa búsqueda lenta del hombre
condenado a su dura tajada de pan
donde empieza la vida de uno
la vida de todos
donde llega
la distancia de dios a la tierra.
III
y estarnos
con esta vida nuestra para siempre
llevando en los ojos cierto sueño
sobre un atardecer salido de la lluvia
y estarnos
perdidos en la calle
tan sola de caminos
buscando esa presencia
y estarnos
con una mano ciega
de llantos y señales
entre los dedos grises
de este cielo.
Martha Martínez
Imagen: En esta buhardilla del Barrio Reus al norte habitó por varios años Martha Martínez....La recordamos como un ser silencioso y luminoso, que de vez en cuando aparecía por el Sorocabana, destacándose su bello 

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